Con ánimos renovados, sobre todo por las vergonzantes soluciones que se están aplicando a la crisis económica mundial, nos trasladamos a Wordpress:
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Nos vemos allí.
Salud.
jueves, septiembre 25, 2008
lunes, abril 14, 2008
El 14 de abril y el patriotismo del recuerdo
Setenta y siete años después de la proclamación de la Segunda República en la tarde soleada del 14 de abril de 1931, aquel régimen sigue siendo objeto de controversias. Es sorprendente, para empezar, que se sigan produciendo burdas desfiguraciones de lo que pasó en aquellos años, a pesar de que la historiografía solvente ha puesto las cosas en su sitio, desmintiendo las falsificaciones prodigadas durante cuarenta años por la dictadura franquista. Citemos algunas de las tergiversaciones más gruesas: que la quema de conventos de mayo de 1931 se realizó con el beneplácito del Gobierno republicano; que la "Revolución de Asturias", de octubre de 1934, fue un alzamiento contra el resultado de las elecciones de otoño de 1933; que los comicios que dieron el triunfo al Frente Popular, en febrero de 1936, fueron trucados, o que el asesinato de Calvo-Sotelo decidió a los militares a dar el golpe de Estado.
Esas falsificaciones las han reavivado estos últimos años algunos autores de nulo prestigio pero cuyos libros han tenido éxito de ventas. Y perviven en ciertos grupúsculos, como se puso de manifiesto a comienzos del pasado enero cuando un coronel del Ejército, comandante militar de La Coruña y Lugo, cargos de los que fue fulminantemente destituido, firmó un escrito en el que, entre descalificaciones de la entonces recién aprobada Ley de Memoria Histórica, sostenía que "la Segunda República no fue otra cosa que un golpe de Estado civil". Tamaña barbaridad, y otras semejantes, han rebrotado al calor de las resistencias suscitadas por las iniciativas de la sociedad civil para rescatar de fosas comunes a familiares y amigos asesinados en la Guerra Civil y por la iniciativa del Gobierno de Rodríguez Zapatero que culminó con la aprobación por el Parlamento de la Ley de Memoria Histórica.
A pesar de las décadas transcurridas desde la Segunda República y la Guerra Civil, la reacción destemplada y visceral de significados sectores de la actual derecha social, política y eclesiástica contra la Ley de Memoria Histórica, pone de manifiesto que la verdad de lo ocurrido en aquellos años cruciales de la historia de nuestro país no es todavía aceptada ni digerida por un sector de la sociedad española. Éste sigue aferrado a las versiones de la propaganda franquista.
Frente a los intentos de seguir denigrando un periodo que alumbró una de las mayores esperanzas colectivas vividas por el pueblo español, se impone un esfuerzo adicional para que las generaciones jóvenes sepan lo que verdaderamente pasó. La Segunda República fue un serio intento de modernizar y democratizar España. Recibida con alborozo por la población en un ambiente de orden y fiesta, revolucionó la enseñanza y combatió eficazmente el analfabetismo, dando un inédito protagonismo a maestros y docentes; llevó el saber a los rincones más escondidos de la España rural a través de las Misiones Pedagógicas; favoreció el que la vida cultural del país alcanzara niveles de vanguardia; hizo una ambiciosa política de obras públicas; intentó una reforma agraria que terminara con el hambre y las flagrantes injusticias de las zonas latifundistas; llevó a cabo una necesaria reforma militar, e implantó el laicismo, tal vez de manera demasiado radical dadas las circunstancias.
Con el recuerdo de la República, combatida desde sus inicios por los sectores reaccionarios del país y liquidada por una feroz guerra civil alentada por Hitler y Mussolini, no se trata de abrir viejas heridas, sino, al contrario, de cerrarlas, pero no en falso, y de asumir el pasado para seguir construyendo un futuro bien cimentado y acorde con el espíritu de nuestra Constitución
En 1999, durante una polémica suscitada en Alemania por una exposición sobre Los crímenes de la Wermacht, el entonces ministro de Exteriores Joschka Fischer afirmó: "Todas las democracias tienen una base, un hecho fundador, un Boden. En Francia es 1789. En Estados Unidos, la Declaración de Independencia. En España es la guerra civil. Y en Alemania es Auschwitz. Es el recuerdo de Auschwitz, el nunca más Auschwitz, el fundamento de la actual república alemana". Y proseguía Fischer: "Es bueno hablar de patriotismo constitucional, pero hay que saber en qué se basa la Constitución. Si Auschwitz no es el cimiento, la raíz, el radical de la Constitución, no hay Constitución que valga ni patriotismo constitucional posible. Sólo se puede ser patriota de la Constitución alemana si ese patriotismo es también, indisolublemente, un patriotismo del recuerdo de Auschwitz".
Creo que los españoles debemos aplicarnos también esas consideraciones de Joschka Fischer. El nunca más a las dos Españas enfrentadas, el nunca más a una guerra civil, fundamenta nuestra Constitución. Es lo que determinó el célebre consenso. De ahí que fomentar el patriotismo del recuerdo sea tan necesario. Y que sea oportuno hacerlo en esta fecha, el 14 de abril, que conmemora la implantación de la Segunda República.
La memoria histórica no es un entretenimiento o una ocurrencia, como lo calificó, con desdén, el líder conservador Mariano Rajoy en el primer debate televisivo con Rodríguez Zapatero días antes de las elecciones del 9 de marzo. Es una necesidad ineludible conocer y recordar sin falsificaciones un pasado que, guste o no guste, sigue proyectando sus luces y sus sombras sobre el presente y sobre el porvenir.
Félix Santos en El País
Esas falsificaciones las han reavivado estos últimos años algunos autores de nulo prestigio pero cuyos libros han tenido éxito de ventas. Y perviven en ciertos grupúsculos, como se puso de manifiesto a comienzos del pasado enero cuando un coronel del Ejército, comandante militar de La Coruña y Lugo, cargos de los que fue fulminantemente destituido, firmó un escrito en el que, entre descalificaciones de la entonces recién aprobada Ley de Memoria Histórica, sostenía que "la Segunda República no fue otra cosa que un golpe de Estado civil". Tamaña barbaridad, y otras semejantes, han rebrotado al calor de las resistencias suscitadas por las iniciativas de la sociedad civil para rescatar de fosas comunes a familiares y amigos asesinados en la Guerra Civil y por la iniciativa del Gobierno de Rodríguez Zapatero que culminó con la aprobación por el Parlamento de la Ley de Memoria Histórica.
A pesar de las décadas transcurridas desde la Segunda República y la Guerra Civil, la reacción destemplada y visceral de significados sectores de la actual derecha social, política y eclesiástica contra la Ley de Memoria Histórica, pone de manifiesto que la verdad de lo ocurrido en aquellos años cruciales de la historia de nuestro país no es todavía aceptada ni digerida por un sector de la sociedad española. Éste sigue aferrado a las versiones de la propaganda franquista.
Frente a los intentos de seguir denigrando un periodo que alumbró una de las mayores esperanzas colectivas vividas por el pueblo español, se impone un esfuerzo adicional para que las generaciones jóvenes sepan lo que verdaderamente pasó. La Segunda República fue un serio intento de modernizar y democratizar España. Recibida con alborozo por la población en un ambiente de orden y fiesta, revolucionó la enseñanza y combatió eficazmente el analfabetismo, dando un inédito protagonismo a maestros y docentes; llevó el saber a los rincones más escondidos de la España rural a través de las Misiones Pedagógicas; favoreció el que la vida cultural del país alcanzara niveles de vanguardia; hizo una ambiciosa política de obras públicas; intentó una reforma agraria que terminara con el hambre y las flagrantes injusticias de las zonas latifundistas; llevó a cabo una necesaria reforma militar, e implantó el laicismo, tal vez de manera demasiado radical dadas las circunstancias.
Con el recuerdo de la República, combatida desde sus inicios por los sectores reaccionarios del país y liquidada por una feroz guerra civil alentada por Hitler y Mussolini, no se trata de abrir viejas heridas, sino, al contrario, de cerrarlas, pero no en falso, y de asumir el pasado para seguir construyendo un futuro bien cimentado y acorde con el espíritu de nuestra Constitución
En 1999, durante una polémica suscitada en Alemania por una exposición sobre Los crímenes de la Wermacht, el entonces ministro de Exteriores Joschka Fischer afirmó: "Todas las democracias tienen una base, un hecho fundador, un Boden. En Francia es 1789. En Estados Unidos, la Declaración de Independencia. En España es la guerra civil. Y en Alemania es Auschwitz. Es el recuerdo de Auschwitz, el nunca más Auschwitz, el fundamento de la actual república alemana". Y proseguía Fischer: "Es bueno hablar de patriotismo constitucional, pero hay que saber en qué se basa la Constitución. Si Auschwitz no es el cimiento, la raíz, el radical de la Constitución, no hay Constitución que valga ni patriotismo constitucional posible. Sólo se puede ser patriota de la Constitución alemana si ese patriotismo es también, indisolublemente, un patriotismo del recuerdo de Auschwitz".
Creo que los españoles debemos aplicarnos también esas consideraciones de Joschka Fischer. El nunca más a las dos Españas enfrentadas, el nunca más a una guerra civil, fundamenta nuestra Constitución. Es lo que determinó el célebre consenso. De ahí que fomentar el patriotismo del recuerdo sea tan necesario. Y que sea oportuno hacerlo en esta fecha, el 14 de abril, que conmemora la implantación de la Segunda República.
La memoria histórica no es un entretenimiento o una ocurrencia, como lo calificó, con desdén, el líder conservador Mariano Rajoy en el primer debate televisivo con Rodríguez Zapatero días antes de las elecciones del 9 de marzo. Es una necesidad ineludible conocer y recordar sin falsificaciones un pasado que, guste o no guste, sigue proyectando sus luces y sus sombras sobre el presente y sobre el porvenir.
Félix Santos en El País
jueves, febrero 07, 2008
Xenófobo anacronismo del PP
El contrato de integración que Rajoy quisiera imponer en España a los inmigrantes contiene aspectos innecesarios, otros que son absurdos y alguno más que resulta directamente perverso. Es innecesario, por ejemplo, hacerles firmar que van a cumplir las leyes y a pagar impuestos. A eso ya están obligados. A cambio, es absurdo reclamarles que respeten las costumbres españolas (porque las hay de todo tipo y casi ninguna abarca a todo el territorio) o que aprendan la lengua (¿hasta qué nivel? ¿Sólo el castellano? ¿Quién los examinará?). Una vez más, el PP se arroga la defensa de los valores y de las buenas costumbres. Ellos saben qué es lo correcto...¿ser católico? ¿Y los que somos agnósticos? Hablan de principios fundamentales...¿cómo los del Movimiento?
La misma integración que exigen a los inmigrantes son la que rechazan en la inmigración interior entre las comunidades autónomas españolas.
La parte perversa llega cuando el “contrato de integración” establece que el extranjero que lleve “un tiempo” sin conseguir empleo será obligado a irse de España. En un país en el que menudea tanto el trabajo negro, del que no queda constancia documental, el Gobierno podría proceder a expulsiones masivas en cuanto le viniera en gana, basándose en ese “contrato”.
Que los extranjeros aporten casi la mitad del PIB sí nos parece bien; que ocupen camas en los hospitales o que no pongan los cafés en condiciones es inadmisible, claro.
La globalización y el neoliberalismo económico perfecto; la de las personas, indigna. Viéndose en la urgencia desesperada de recolectar votos como sea, Rajoy apela ahora al voto xenófobo. Y es verdad que en España hay bastantes xenófobos, pero pocos que quieran retratarse como tales.
Estamos en el siglo XXI, algunos no parecen haberse enterado todavía.
Via Javier Ortiz Blog | Rajoy da palos de ciego
La misma integración que exigen a los inmigrantes son la que rechazan en la inmigración interior entre las comunidades autónomas españolas.
La parte perversa llega cuando el “contrato de integración” establece que el extranjero que lleve “un tiempo” sin conseguir empleo será obligado a irse de España. En un país en el que menudea tanto el trabajo negro, del que no queda constancia documental, el Gobierno podría proceder a expulsiones masivas en cuanto le viniera en gana, basándose en ese “contrato”.
Que los extranjeros aporten casi la mitad del PIB sí nos parece bien; que ocupen camas en los hospitales o que no pongan los cafés en condiciones es inadmisible, claro.
La globalización y el neoliberalismo económico perfecto; la de las personas, indigna. Viéndose en la urgencia desesperada de recolectar votos como sea, Rajoy apela ahora al voto xenófobo. Y es verdad que en España hay bastantes xenófobos, pero pocos que quieran retratarse como tales.
Estamos en el siglo XXI, algunos no parecen haberse enterado todavía.
Via Javier Ortiz Blog | Rajoy da palos de ciego
lunes, enero 21, 2008
¿Quién ha dicho...?
¿Quién ha dicho que “no se puede colaborar con el mal“.?
¿El Yoda? ¿Bush? ¿James Bond?
No, El arzobispo de Toledo y Primado de España, Antonio Cañizares, ante la negativa de la Federación Española de Religiosos de la Enseñanza (FERE) a secundar el llamamiento a la objeción de conciencia en la asignatura de educación para la ciudadanía.
——————————————————————————————
¿Quién ha dicho que el matrimonio homosexual es la cosa más grave que ha ocurrido en 20 siglos?
¿Sara Montiel ¿Bush? ¿Nostradamus?
No, el portavoz de la Conferencia Episcopal, el obispo Juan Antonio Martínez Camino.
——————————————————————————————
¿Quién ha dicho que “la sospecha” de la matanza del 11-M “mira al Gobierno”?
¿Losantos? ¿Pio Moa? ¿Bin Laden?
No, la carta pastoral del obispo de Huesca, Jesús Sanz.
——————————————————————————————
¿Quién ha dicho “Puede haber menores que sí lo consientan y, de hecho, los hay. Hay adolescentes de 13 años que son menores y están perfectamente de acuerdo y, además, deseándolo. Incluso si te descuidas te provocan. Esto de la sexualidad es algo más complejo de lo que parece”?
¿Cierto Duque? ¿Algún detenido por crear redes de pederastía en internet?
No, el Obispo de Tenerife.
——————————————————————————————
¿Quién ha dicho que la red de abusos sexuales de la Iglesia en Los Ángeles fueron “accidentes”?
¿La DGT?
No, el nuncio de la Santa Sede en España, Manuel Monteiro de Castro.
—————————————————————————————–
¿Quién ha dicho “La Iglesia debe cumplir su objetivo de autofinanciarse”?
¿El Papa? ¿Rouco? ¿Jiménez Losantos?
No, Zapatero, meses antes de subir del 0,52% al 0,7% del IRPF la aportación voluntaria del contribuyente a la Iglesia católica.
Amén.
¿El Yoda? ¿Bush? ¿James Bond?
No, El arzobispo de Toledo y Primado de España, Antonio Cañizares, ante la negativa de la Federación Española de Religiosos de la Enseñanza (FERE) a secundar el llamamiento a la objeción de conciencia en la asignatura de educación para la ciudadanía.
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¿Quién ha dicho que el matrimonio homosexual es la cosa más grave que ha ocurrido en 20 siglos?
¿Sara Montiel ¿Bush? ¿Nostradamus?
No, el portavoz de la Conferencia Episcopal, el obispo Juan Antonio Martínez Camino.
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¿Quién ha dicho que “la sospecha” de la matanza del 11-M “mira al Gobierno”?
¿Losantos? ¿Pio Moa? ¿Bin Laden?
No, la carta pastoral del obispo de Huesca, Jesús Sanz.
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¿Quién ha dicho “Puede haber menores que sí lo consientan y, de hecho, los hay. Hay adolescentes de 13 años que son menores y están perfectamente de acuerdo y, además, deseándolo. Incluso si te descuidas te provocan. Esto de la sexualidad es algo más complejo de lo que parece”?
¿Cierto Duque? ¿Algún detenido por crear redes de pederastía en internet?
No, el Obispo de Tenerife.
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¿Quién ha dicho que la red de abusos sexuales de la Iglesia en Los Ángeles fueron “accidentes”?
¿La DGT?
No, el nuncio de la Santa Sede en España, Manuel Monteiro de Castro.
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¿Quién ha dicho “La Iglesia debe cumplir su objetivo de autofinanciarse”?
¿El Papa? ¿Rouco? ¿Jiménez Losantos?
No, Zapatero, meses antes de subir del 0,52% al 0,7% del IRPF la aportación voluntaria del contribuyente a la Iglesia católica.
Amén.
domingo, diciembre 16, 2007
domingo, diciembre 09, 2007
La ayuda fracasa, pero África despega
Lleva desde 2003 creciendo por encima de la media mundial gracias a la masiva construcción de infraestructuras. Se está reduciendo el porcentaje de personas que vive con menos de un dólar al día. La escolarización ha dado un salto espectacular en pocos años. Aunque parezca mentira, esto es el África subsahariana, que da señales de salir del pozo al que parecía condenada. ¿Empieza al fin la ayuda a dar frutos tras décadas de frustraciones? ¿O simplemente se explica por el desembarco de China, que deglute petróleo y perpetra infraestructuras sin ningún respeto por los derechos humanos? Aún es pronto para saberlo, pero todo indica que la respuesta está en el medio.Sudán es uno de los paradigmas del despertar africano. El país sigue desangrado por conflictos armados -activos o en estado latente-, sobre todo en Darfur. Pero crece por encima del 10% anual y la actividad económica beneficia a todas las capas sociales. Hostil a las fórmulas de cooperación occidentales y atenazado por las sanciones de EEUU, nada de esto sucedería sin China. En Juba, la capital de Sudán del Sur, que se recupera tras 20 años de guerra, se perciben al mismo tiempo los peores efectos de la ayuda occidental: la ciudad, a orillas del Nilo, está tomada por las agencias humanitarias y muchos de sus habitantes maldicen su suerte: "Han llegado a decenas y el único efecto constatable es que se han triplicado los precios; ahora es imposible encontrar un lugar donde vivir. Guste o no en Occidente, el papel de China es mucho más importante", afirma Kenyi Yatta, director del semanario The Juba Post.
Algunos sectores académicos de EEUU, hablan abiertamente del fracaso de la ayuda. En cinco décadas se han gastado 2,3 billones de dólares, aparentemente en balde. África recibe más de 20.000 millones al año -el Plan Marshall supuso un desembolso total de sólo 13.000, equivalentes a 100.000 al cambio actual- sin efectos aparentes. Incluso son contraproducentes, según William Easterly, quizá el principal gurú de los críticos. Profesor en la Universidad de Nueva York, Easterly ha escrito varios best-sellers en los que destroza la maraña creada por la ayuda occidental y sostiene que el dinero sirve para alimentar la corrupción y perpetuar el subdesarrollo. "Los donantes necesitan centrarse no en aumentar la ayuda, sino en minimizar los riesgos", le secunda Nancy Birdsall, presidenta del Centro para el Desarrollo Gobal, un prestigioso think tank de Washington. La madeja ha provocado que 20 países africanos sean hoy altamente dependientes de la ayuda: el dinero de la cooperación supera el 10% del PIB y el 50% del gasto público.
Los efectos, apunta Easterly, se observan de forma diáfana en Zambia: si hubiera invertido todo lo recibido en ayuda desde 1960 debería haber alcanzado una renta per cápita de 20.000 dólares a principios de los años noventa. Pero en 1990 la renta per cápita no llegaba a 500: era incluso inferior a la de 1960.
Nadie niega, ni siquiera los más entusiastas defensores de la ayuda, que la corrupción se ha comido buena parte de las esperanzas. Un estudio de 2000 en Guinea, Camerún, Uganda y Tanzania demostraba que entre el 30% al 70% de las medicinas repartidas desaparecían antes de llegar al paciente. Transparencia Internacional ha denunciado el salto a cuentas suizas de miles de millones en ayuda recién llegada a África. Y varias investigaciones demuestran que los pagos extralegales encarecen entre el 20% y el 30% de muchos proyectos de cooperación.
"Ha habido corrupción, claro, pero si se cortaran ahora los flujos porque en el pasado se han hecho las cosas mal estaríamos comprometiendo las posibilidades de mejora en África. ¡Está clarísimo que hace falta más dinero!", subraya Juan Pablo de Laiglesia, segretario general de la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI). La OCDE, que no destaca precisamente por su idealismo, sino por un rigor asociado a la ortodoxia liberal, es tajante: o se triplica la ayuda en cuatro años o las promesas de los países ricos serán papel mojado. Y pese a los indicios de mejora, África ni siquiera se acercará a los Objetivos del Milenio.
Algunas ONG con años de experiencia ponen incluso en duda que las cifras de ayuda sean reales. Ni hay tanto dinero -en 2006, los países ricos donaban el 0,3% de su PIB cuando en los sesenta destinaban el 0,5%, y en 2006 la cifra total incluso descendó- ni se emplea para lo que se dice: existen las partidas, claro. Pero no siempre son realmente para cooperación, sino que a menudo buscan meramente abrir nuevos mercados a las empresas occidentales.
Sólo Irlanda y Reino Unido han desligado por completo su ayuda al desarrollo de sus intereses estratégicos, con lo que un alto porcentaje -en algunos países, como Canadá, superior al 40% del total- de la ayuda internacional es "ligada". Es decir, está vinculada a la compra de bienes y servicios a empresas del país donante. El 13,4% de la ayuda oficial española era ligada en 2006, según el estudio La Realidad de la Ayuda de Intermón Oxfam. Y España todavía incluye en su partida de cooperación los créditos FAD, que facilitan la expansión de empresas españolas y endeudan al país receptor, considerados por todas las agencias independientes, un instrumento legítimo de negocio, pero no de cooperación.
El Observatorio de la Deuda en la Globalización (ODG), vinculado a la Universidad Politécnica de Cataluña, ha acuñado incluso el concepto de "Anticooperación". Según este análisis, el impacto neto de Occidente es perjudicial para África y los países pobres no porque ayuden demasiado, sino porque en realidad no existe tal ayuda: "Los créditos FAD, las agencias de crédito a la exportación, la contribución a las instituciones financieras multilaterales, la responsabilidad ambiental transnacional, el control migratorio, los paraísos fiscales, el secretismo bancario, la venta de armas (que mueve más dinero que toda la ayuda a África) y los acuerdos comerciales deben ser incluidos en el análisis", sostiene David Llistar, investigador del ODG.
Isabel Kreisler, autora principal del informe de Intermón Oxfam, es contundente: "Hay mucho cinismo entre los que piden reducir las ayudas. En realidad, lo que los países ricos dan por un lado lo quitan dos veces por otro manteniendo unas reglas comerciales injustas", afirma.
Y sin embargo, pese a todo, la ayuda parece que ha empezado a dar frutos. Así lo sugieren datos recientes del Banco Mundial y de la ONU. No sólo crece el PIB como consecuencia del desembarco chino: algunos indicadores sociales mejoran desde antes de la llegada de Pekín. Dos de cada tres países del África subsahariana han mejorado el Índice de Desarrollo Humano (IDH) con respecto a 2000. La pobreza extrema ha disminuido en muchos sitios. Y la tasa de escolarización primaria ha dado un salto espectacular en apenas cinco años.
"Cuando la ayuda se hace bien, tiene un efecto beneficiosoclaro", recalca Ignasi Carreras, director del Instituto de Innovación Social de la escuela de negocios Esade. Carreras pone el ejemplo de Tanzania, rotundo y poco conocido. El país entró en el programa de condonación de deuda vinculada a un plan de inversiones en educación y salud. En sólo cinco años, la tasa de escolarización primaria ha pasado del 51% al 91%. Y la tasa de mortalidad infantil se ha reducido en un tercio.
El programa de condonación de deuda a los países más empobrecidos es un elemento de éxito, pese a que el ODG advierte que los países ricos han perdonado menos de lo que dicen y que se está creando una nueva deuda, ahora con China. Pero no es el único paso dado en los últimos años que explique la mejora de la eficacia de la cooperación. La Declaración de París de 2005 supone un hito que sistematiza las "buenas prácticas" en la cooperación: acabar con la ayuda ligada, mejorar la coordinación, el control y la evaluación, convertir la ayuda en partidas presupuestarias claras, fomentar la participación de los países receptores... O sea: el reverso de lo hecho hasta ahora. Los gobiernos de los países ricos los han asumido. Ahora sólo falta que lo cumplan para ver si realmente la ayuda sirve o no.
Pere Rusiñol en El País.
Foto: Una mujer vende pan en Sudán- AP
Las farmacéuticas empiezan a ceder

Novedades en el panorama del sida: las grandes farmacéuticas han empezado a ceder y están facilitando tratamientos a precio de coste en países pobres. El objetivo es frenar a los genéricos -que se han implantado ya en India y Brasil- y responder a la creciente presión de una opinión pública que ya no queda muda ante una enfermedad de contrastes dramáticos: es crónica en el mundo rico, pero sigue matando a 2,1 millones de personas al año en el pobre. Tres pastillas al día son la diferencia entre sufrir un sida crónico o una sentencia de muerte. Pero decidir quién accede a ellas no está en la mano de los afectados. Vivir en un país u otro marca la diferencia. En la mayoría del mundo, no hay opción. Cada día, más de cinco millones de personas se van a la cama sin esperanzas. Deberían tomar tratamiento, pero éste es muy caro y ni ellos ni sus gobiernos pueden pagarlo. Son el 70% de los siete millones de personas con sida cuyo expectativa es sólo la de empeorar. Y morir.
Pero dos millones de personas que viven en países pobres sí tienen acceso a los antivirales. Son uno de cada tres infectados. Una cifra muy superior a los 700.000 que recibían tratamiento en 2005, aunque proporcionalmente el ascenso haya sido de cinco puntos: del 23% de quienes lo necesitaban entonces al 28% actual. Su futuro es mucho mejor. Viven una situación similar a la de los países ricos, que ha llevado a que científicos y administraciones hablen sin tapujos de la cronificación de la enfermedad. En España, por ejemplo, el tratamiento es universal, pero a un elevado precio (más de 8.000 euros al año por persona) que paga la sanidad pública.
Hace 10 años que se conocen los tratamientos necesarios para que la mayoría de enfermos de sida puedan llevar una vida casi normal. ¿Por qué no hemos sido capaces de dárselos? Si se pregunta a las ONG, hay un culpable principal: la industria farmacéutica, con su defensa de las patentes. Pero esta visión admite matices. Los laboratorios siguen una política de palo y zanahoria. Las presiones de las ONG y la competencia de los genéricos han logrado que cedan y rebajen los precios: de los 8.000 euros que cuesta en Occidente un tratamiento anual, a menos de 300 euros al año.
Gracias a la movilización de activistas y gobiernos, se ha conseguido un sistema de dobles y triples precios. A cambio de mantener las ganancias que consiguen en los países ricos, los laboratorios han accedido a rebajar sus medicamentos en los pobres. Según afirman los fabricantes, los venden a precio de coste.
Un artículo publicado el 15 de noviembre en la revista New England Journal of Medicine refleja esta situación. Una terapia de primera línea (la que se da a un paciente recién diagnosticado) se vende en un país de ingresos medios por unos 700 euros al año. Si el país es pobre, los medicamentos de marca pueden conseguirse por algo más de 400. Estas cifras pueden ser incluso inferiores. Para ello basta con que los gobiernos, en vez de usar el producto de marca, utilicen un genérico. Entonces, el precio puede caer hasta los 330 euros, menos de uno al día.
El problema está en que muchos gobiernos no pueden optar por los genéricos. Para hacerlo tendrían que romper las patentes que protegen los fármacos de marca durante 20 años. Y una decisión así no está exenta de riesgos. Los países más pobres dependen en gran parte de la ayuda internacional. Y muchas veces ésta queda condicionada a su respeto a las patentes.
Es lo que sucede con los más pobres entre los pobres. Aparte de los fondos de la ONU, reciben una importante aportación del Programa Especial del Presidente de EE UU para el Sida (Pepfar en inglés). Esta iniciativa cuenta con 1.000 millones de dólares (673 millones de euros). Pero no es una ayuda desinteresada. Para recibir la aportación, los gobiernos tienen que comprometerse a respetar las patentes -aparte de a dedicar una parte de la ayuda a programas que fomenten la castidad-. Y el poder de EE UU, sede de gran parte de los laboratorios que fabrican antivirales, es incontestable.
Una solución está en la intervención de algunas organizaciones sin ánimo de lucro pero con gran poder mediático. En el artículo mencionado se muestra que cuando interviene la Fundación del ex presidente de EE UU Bill Clinton, el precio baja hasta los 259 euros. Excesivo para muchas economías, pero considerablemente inferior al ofertado inicialmente por los laboratorios.
Lo peor es que, legalmente, esos países no tendrían que esperar a la beneficencia -lo que, por un lado, no garantiza un suministro continuo y, por otro, impide que se desarrolle una industria propia-. El derecho a la propiedad intelectual de los fármacos está protegido por la Organización Mundial del Comercio (OMC) por el llamado acuerdo ADPIC (TRIPS en inglés) de 1995. Pero en 2003, en Doha (Qatar), se acordó una excepción: un país podría emitir una licencia obligatoria -es decir, saltarse la patente y fabricar o importar genéricos sin sufrir represalias- si vive una situación de "emergencia sanitaria". Y pocos pueden poner en duda que el sida, en países con tasas de infección en adultos de más del 20% (el extremo sur de África), lo es.
Pero sólo algunos países se han atrevido a usar genéricos. Los grandes laboratorios mantienen una constante campaña de desprestigio contra estos productos. En un reciente encuentro organizado para periodistas por la patronal española de los fabricantes de medicamentos de marca, Farmaindustria, Icíar Sanz, directora del departamento Internacional, mencionó la posible diferencia de calidad y de eficacia; el riesgo de que se comercialicen medicamentos falsos con la etiqueta de genérico y la falta de control comercial. Este último aspecto es especialmente grave para la industria, que teme que los productos destinados a los países pobres se desvíen y acaben socavando los mercados de los países ricos. La tentación para que esto ocurra es obvia vista la diferencia de precios. En el ejemplo del tratamiento contra el sida, el precio de venta en Europa de la misma combinación multiplica por 20 el precio a que se facilitan a los países pobres. Ya ha habido algún caso de un medicamento vendido a África a precio de coste que ha aparecido en Holanda.
Sanz insiste en que el problema no son los laboratorios. "El 95% de los medicamentos considerados esenciales por la OMS está fuera de las patentes", afirma. Una realidad que, según un reciente estudio de Intermón Oxfam, no puede aplicarse al sida, donde hasta hace dos años sólo un producto, el AZT, estaba fuera del periodo de protección.
Además, se repite insistentemente que los fármacos están ahí, pero que los países pobres carecen de estructuras sanitarias para repartirlos. Una realidad, contestan algunas ONG, que se agrava cuando un laboratorio -Abbott- sólo da a precio reducido un fármaco que necesita refrigeración, y deja la versión moderna, que no la requiere, a precio de rico. Algunas ONG han propuesto utilizar otras redes, como la de Coca-Cola, para distribuirlos.
También se pone constantemente en duda la seguridad de los genéricos (ayudados a veces por la OMS, que hace un par de años desaconsejó temporalmente algunos indios por problemas burocráticos que fueron publicitados como falta de calidad).
Los laboratorios refuerzan su posición directamente con amenazas. En el último año ha habido países emergentes -India, Tailandia, Malaisia y Brasil- que se han atrevido a decretar el uso de genéricos contra el sida. La respuesta de los fabricantes ha sido advertirles de que con ello retrasarán la llegada al país de futuras innovaciones, o de que retirarán las inversiones que realizan.
Aunque este último aspecto no parece muy preocupante. Los laboratorios, según Intermón Oxfam, ignoran las necesidades de los países pobres. De las 160 moléculas aprobadas entre 1999 y 2004, sólo tres eran para enfermedades olvidadas, de acuerdo con un estudio que presentó el martes la ONG. Farmaindustria aporta otros datos. En 2005 había 32 medicamentos y 3 vacunas para enfermedades tropicales en ensayos; en 2006, eran 43 fármacos y 6; en 2007, 50 y 8, según Sanz. Ello no quiere decir que todos vayan a comercializarse, pero sí muestran el interés de la industria, afirma Sanz.
Pero las relaciones entre laboratorios y países pobres no se basan sólo en los palos. También hay zanahorias. Casi todos los fabricantes tienen fundaciones o programas de apoyo. Estas ayudas corren el riesgo de perderse si un Gobierno se enfrenta directamente al laboratorio que los financia. Entre estos proyectos hay uno de erradicación de la oncocercosis (o ceguera de río), financiado por Merck, que dona su fármaco Mectizan a varios países de América y África; el de creación de hospitales pediátricos contra el sida en Suazilandia, Lesoto, Botsuana y Kenia, los mayores de su especialidad en el mundo, que financia la Fundación Secure the Future (tras la que está Bristol-Myers Squibb) o el programa de investigación en una vacuna contra la malaria que dirige el español Pedro Alonso y que cuenta con el apoyo de Glaxo SmithKline.
El futuro, insisten los laboratorios, es la creación de grupos mixtos entre administraciones, industrias y ONG, como la que está impulsando el proyecto de Alonso. Pero hay otras posibilidades. La favorita, en estos momentos, es el compromiso anticipado de mercado. Este sistema, que puede cobrar un gran impulso desde la irrupción de magnates como los Gates, Clinton, Rockefeller y otros en el mundillo sanitario. Consiste en que estos socios garantizan a los laboratorios que van a comprar el resultado de una investigación y un tratamiento nuevo. De esta manera, el riesgo se reparte: el laboratorio invierte sin estar seguro de conseguir el objetivo; los donantes se comprometen a pagar si hay resultados.
Estas propuestas son la vía de futuro. Pero todavía quedan muy lejos. Mientras tanto, las ONG afirman que debe actuarse de una manera más radical: ofrecer fármacos a precio de coste o inferior para las dolencias más graves a los países pobres, y dejar que la industria recupere sus costes de investigación en los países ricos. Y, si no, retirar las patentes y dejar que laboratorios de otros países -India, Brasil, Suráfrica- fabriquen los medicamentos. Sólo así podrá llegar el día en que el 100% de las personas que lo necesitan reciban tratamiento antiviral. Y reducir la cifra de 2,1 millones de fallecimientos anuales por sida -de los que 330.000 son niños de menos de 15 años- a las mismas proporciones que han permitido que en países como España los propios médicos califiquen ya la enfermedad como crónica.
Emilio de Benito - El País
Foto: Una mujer en un centro de la Cruz Roja para sida en Uagadugu- AFP
sábado, noviembre 24, 2007
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